¿Se apuntaría Nietzsche al club de la lucha?

¿Tienen algo en común el superhombre de Nietzsche y Tyler Durden?

"¡Dios ha muerto!", declara Nietzsche en una de sus citas más famosas e imprescindibles. Pero, ¿qué significa esto? 

Si queremos entender a Nietzsche debemos sustituir la palabra "Dios" por cualquier otro ideal; de hecho, si la crítica sigue teniendo tanta fuerza hoy en día es porque en este ideal no solo se incluye la moral cristiana,  como habitualmente se entiende, sino que va más allá y, además de atacar a Dios, arremete también con cualquiera de sus transformaciones . Así, cobra especial fuerza contra los ideales de la Ilustración: el nuevo Dios son el progreso, la cultura, la razón. Y contra todo ello es contra lo que Nietzsche arremete. 

¿Cómo se traduce esto a un lenguaje cotidiano? Sencillo: se trata de todo ese sentido común que está en el aire y que nos dice que si te esfuerzas lo conseguirás. Que si estudias lo suficiente tendrás un buen sueldo y vivirás tranquilo. Que el conocimiento y la ciencia nos liberará de nuestras penurias... Todo eso de que el  trabajo os hará libres. Todo eso que el protagonista de El club de la lucha desmiente, siendo un triste que no puede ni conciliar el sueño a pesar de tenerlo todo: un buen trabajo, viajes pagados por la empresa, una bonita casa a la que no le falta de nada...

Pero, ¿qué le falta a él? ¿Por qué todos los días se le presentan como "la copia de una copia de una copia"?

Jack, por ponerle un nombre al protagonista sin nombre, encaja bastante bien en el estado que Nietzsche caracteriza con la imagen del camello: aquel que dice "sí" y acepta llevar toda la carga que se le impone; aquel a quien su padre le dice "estudia" y él, obedientemente, estudia; aquel a quien su padre le dice "consigue un buen trabajo" y, con su esfuerzo, hace lo que le dicen lo que tiene que hacer,;aquel a quien, cuando ha hecho todo lo que le han mandado, pregunta "¿y ahora qué?" yentonces no obtiene respuesta. alguna. No solo no es feliz sino que se ha quedado en mitad de la nada y sin rumbo. Es el nihilismo.

Pero aparece Tyler, dejando alucinado a Jack con su gamberrismo y vitalidad. ¿Y quién es Tyler? Aquel que se rebela contra todo lo que hace a Jack infeliz; es el león destructor. Si te fijas, cuando Tyler Durden aparece en la película todo se ilumina; no solo es su chaqueta roja, es que los escenarios cobran vida. Es todo lo contrario de la oficina de tonos grises en la que Jack trabaja, sino que suceden cosas emocionantes y gamberras y todo es luz y color. Tyler es el tipo que se acuesta con Marla y que la hace decir: "no me habían follado así desde el instituto".

Juntos, Jack y Tyler, forman El club de la lucha y se dedican a hacer el gamberro por ahí. Se parten la cara y cuando van al trabajo se sienten libres; el dolor los libera del miedo, del miedo a enfrentarse a su jefe, del miedo a perder las posesiones materiales... Así, además de rebelarse contra el mundo meándose donde no deben, se rebelan también contra ellos mismos a través de cada puñetazo, hasta que acaba por no importarles dónde viven, causar una mala impresión en el trabajo y hasta si pierden los dientes.  Dice Jack: "únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar".

Pero no todo es tan genial, sino que pronto Tyler comienza a tomar las riendas del asunto y, sin contar con Jack, forma el Proyecto Mayhem. Un grupo sectáreo donde los miembros no tienen nombre, sino que son meros monos espaciales dirigidos por Tyler en su afán por destruir. Acabar con toda la civilización. "En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller Center", dice Tyler Durden.

Pero, ¿dónde queda Jack en este nuevo proyecto? Si atendemos a las escenas de la película, en esta parte Jack no hace otra cosa que seguir a Tyler; no tiene dominio ninguno de la situación, no está enterado de nada de lo que pasa y, cuando sigue a Tyler y le pregunta qué coño está ocurriendo, alguien -un mono espacial- se interpone roboticamente y le niega la información. Lo que ocurre al fin y al cabo es que el león ha tomado las riendas y no hay más propósito que la destrucción.

¿Cómo recupera Jack el rumbo de su vida? De momento, sólo ha cambiado a su jefe por una especie de grunge divertido con quien las cosas empiezan a dejar de ser tan divertidas. Ha cambiado a un Dios por otro, tal como hizo la Ilustración anteriormente, convirtiendo a Tyler en un ídolo al que seguir. Así, Jack se ha tomado todo como un juego sin liberarse verdadera y profundamente. Ha jugado a darse de hostias con su colega, pero no ha tenido el valor suficiente para decidir por sí mismo. Jack se ha dejado llevar, tal y como haría el camello. Es el error usual de seguir a Nietzsche como si se tratara de un pastor más, mientras que es precisamente contra eso contra lo que nos previene. Así pues, ¿qué debemos hacer? ¿Hacia dónde debemos caminar ahora? Creo que una de las escenas clave de la película es aquel momento en el coche en el que Tyler le propone a Jack una última cosa: soltar el volante. Independizarse definitivamente. Tras ello, Tyler desaparece y deja a jack a solas, emancipado de su maestro aún a riesgo de perecer.

¿Entonces qué? La primera respuesta es buscar de nuevo a Tyler, coger un avión e ir de un lugar para otro a buscar la brújula con la que guiaba su nueva vida; buscar a ese a quien necesita, igual que a un padre o a dios o al ideal. Pero en su búsqueda no encuentra cosa que a él mismo, descubriendo que Tyler no era sino una proyección; Jack se desdobla y crea un personaje de ficción que encarna todo lo que él desea ser: más guapo, fuerte, atrevido...

Y además, descubre también que ha puesto bombas y que va a destruir aquello a lo que ama: Marla.

La destrucción se vuelve contra sí mismo, como simbolizan las escenas en las que Tyler pega una paliza a Jack.

Es al pasarse de la raya y peligrar la vida de Marla que Jack descubre lo que que quiere; es al sobrepasar los límites que descubre lo que de verdad le importa. Y entonces, por primera vez en la película, Jack se interpone a Tyler -ahora rapado, más musculado y agresivo- para así poder crear algo por él mismo: una relación.

Sólo al acabar Jack con su doble, Tyler, el león; sólo al acabar con el último resquicio de ideal  sólo entonces Jack alcanza el último estado en las transformaciones nietzscheanas, el niño que juega con los ideales y crea. Es por eso que hasta que Tyler muere y los edificios se derrumban Jack y Marla no se dan la mano por primera vez, construyendo algo a través de la destrucción.

¿Qué es la filosofía?

¿Qué es pensar, saber...?

Lo habitual en estos casos es recurrir a Sócrates, el que se ha convertido en algo así como el prototipo de filósofo; ese al que todo el mundo conoce y que más de uno toma como paradigma de lo que un filósofo debe ser. Sócrates, aquel a quien el oráculo de Delfos señaló como el más sabio de entre los sabios y cuya máxima rezaba así: "sólo sé que no sé nada". 

¿Cómo es posible que alguien que reconoce no saber nada sea, sin embargo, el más sabio? Lo que contestemos a esta pregunta nos dará las pistas para responder también a la cuestión central: ¿qué es la filosofía?

Pues bien: Sócrates era el más sabio precisamente por reconocer que no sabe nada, por saberse ignorante; mientras que los políticos, artesanos y demás ciudadanos creían saber, Sócrates en cambio adopta una actitud interrogante y pregunta. Y es que preguntar, al fin y al cabo, o al menos si es una pregunta sincera, sitúa a quien pregunta en una situación de desventaja; preguntar te coloca en la posición de no tener las respuestas, de no haber alcanzado aun la sabiduría. Eso es lo que diferencia a Sócrates de los verdaderos ignorantes, aquellos que, en su soberbia, ni siquiera saben que no saben. Esto queda recogido en otra de las citas famosas de Sócrates: "conócete a ti mismo". Conocer nuestros límites, descubriendo nuestra propia ignorancia.

Pero a esto cabe responder muchas cosas y hacer muchas críticas, y entre ellas la más directa que se me ocurre es un rotundo: ¿a quién le importa? Al fin y al cabo, fue la misma ciudad a la que Sócrates hacía preguntas la que lo condenó a muerte. El ciudadano de a pie, ante las preguntas insistentes, ante todo eso de conocer y de la filosofía, no tiene otra respuesta que tomar a Sócrates como un pesado. "Sí, muy bien, queridos señores mios... Todo esto es muy correcto... Pero es aburrido", podría decir cualquiera.

Y digo yo: ¿por qué conócete a ti mismo? ¿Por qué no, en su lugar, constrúyete a ti mismo?

Habitualmente la tradición filosófica sitúa al conocimiento como lo más elevado, lo más alto. Pero, ¿qué es conocer? Hablamos de conocimiento objetivo, claro, que es lo que corrientemente se toma como el verdadero conocimiento. Y si rastreamos de dónde proviene la palabra "objeto" nos encontramos con términos como distancia, alejamiento... Ya Pitágoras lo decía bastante claro: el filósofo es aquel que va a la fiesta y se queda mirándola desde afuera, para así poderla conocer. El filósofo es el aburrido que se apoya en la pared y observa, aquel que rechaza los sentidos y, mediante su razón, conoce; aísla en una probeta mental aquello sobre lo que se pretende un sabio y luego escribe un libro.

¿Qué tal, pues, si en vez de conocer salimos a bailar? En vez de conocer, aprender danza; en vez de mirar nuestro triste reflejo solitario en el espejo, construirnos a nosotros mismos y nuestro cuerpo, y, entonces, saber verdaderamente qué se siente ahí, en la pista, adentrándonos en el juego de la vida real, palpable. Al fin y al cabo, ¿cómo saber a qué saben las cosas sin probarlas? La filosofía parece haber olvidado el sentido de la palabra saber: ¿te habías fijado en que saber y sabor tienen la misma raíz? Ambas provienen de sapere, que designaba tanto el gusto como el conocimiento. 

Así pues, si la respuesta clásica a la pregunta acerca de qué es la filosofía es "amar la sabiduría", siendo este amar un amor teórico, razonado, mi respuesta sería más bien saborear la sabiduría. Y no exclusivamente a través de la razón sino de la boca, ese lugar en el que lo exterior (el bolo alimenticio, los fenómenos físicos, el mundo) se juntan con lo interior (el paladar, el estómago y lo que ello produce en nuestro cerebro). Es el mundo como degustación, como campo de recreo donde conocer mientras se juega con las manos.